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Mostrando las entradas de noviembre, 2024

Oxitocina, serotonina, endorfina y grelina

Que terrible es querer. Que terriblemente bien que nos hace aprender a sentirlo sin la culpa de cometer un pecado. Que terrible es querer escribir con la cabeza caliente, no me puedo permitir hacer semejante vulgaridad: porque no me alcanzan las manos y me sobran las palabras. Y me faltan tus besos y ya es tarde y mi cabeza reproduce en loop a ese "ayer nomás" que se hace tan lejano y el mañana no llega más. Y tengo hambre. Me volví adicta.

Noches de luna: los duendes andan sueltos

En las noches quiero tantearte, en la oscuridad encontrarte sonriendo a mi rostro avergonzado que ya no sabe dónde meterse En las noches sin luna, opacas también por tu ausencia, no hay un consuelo que se arrime a mi puerta  Pero consecuencia de los celos, de la fornuta, de la locura, aparece ella brillante y odiosa mirándonos a los dos. Hay que hacer silencio, ella se impone como coronel en frente de su guardia, mandando a los locos a callarse un rato y mirarla. Solo eso, por un instante nada más. ~ El duende con poca cordura vaga por su monte herido, arrasado por una sociedad cruel. En las noches el duende clama a gritos, mirando el astro, esperando un alivio para su pobre alma, que se cae a pedazos y no puede seguir más. Va desandando caminos con su caminar lento y entorpecido. Ya camina por un sendero fijo, trazado por el turista y no por el animal. Ya vaga entre algarrobos secos, buscando miel para su enamorada. Se ha cortado su mano de plomo para no lastimarla, el bruto, ell...

Ruego a la Luna

Dicen que la luna es celosa. Se escucha en esta noche un gato solitario que pelea con su sombra, que en medio de la negrura aparece gracias al resplandor de esa bella luna. Pelea está luna celosa con los astros, ocupando el lugar central en la performance galáctica. Pelea ella con sus sentimientos; ahora intrusos roban mi atención de ella; sus reclamos se hacen oír, sus lágrimas caen por las montañas y ella solo sabe que es hermosa sin importar que le pase. Me sigue, me mira, me castiga, me cuestiona, me interroga, me cela.  Reclama la atención que por meses completos le di, rogándole para que me diera un poco de su luz. Esa luz que no es propia de ella. Solo otra mentira piadosa. Ella ahora vuelve, vigorosa, grande, reventada de una hermosura que duele, lastima la retina sensible del visitante que osa atreverse a divisar cada detalle de su redondez.  Ella, bruta, terca, desvergonzada, se jacta del daño que hace al amante poeta que la persigue para besar sus pies y pedir cleme...