Magnánima indiferencia mundana.
Navego en un río de lágrimas rosadas Viajo a través de barquitos de papel que encuentro en banquitos Extraño placer de divagar en la imaginación con paisajes extravagantes Extraño deseo de nunca divagar, solo navegar con rumbo fijo hacia ese gran final. Túnel de oscuridad, tobogán de risas, calle de los lamentos ¿A dónde vamos a parar? Aquel gran lugar, ese paraíso de flores, que solo en espasmos grotescos logramos vislumbrar. Pesadilla de ensueño, aparición mágica que sorprende al viajero, que termina en Egipto buscando Itaca Desmonte del infierno, donde los católicos se sumergen en su avaricia Fuego de su raza, de su misoginia y repugnancia: la raza humana debe perecer y ese es el deseo del dios animal y salvaje que habita su cuadrado de selva. Ignorando cómo todo se acaba, el mundano estudiante se deja llevar por escenas creadas en su corteza, su inconsciente la encierra en la jaula del aburrimiento Y ella cae Y no quiere estudiar Solo quiere llorar Ya no se sabe lo que realmen...