Ruego a la Luna

Dicen que la luna es celosa.
Se escucha en esta noche un gato solitario que pelea con su sombra, que en medio de la negrura aparece gracias al resplandor de esa bella luna.
Pelea está luna celosa con los astros, ocupando el lugar central en la performance galáctica.
Pelea ella con sus sentimientos; ahora intrusos roban mi atención de ella; sus reclamos se hacen oír, sus lágrimas caen por las montañas y ella solo sabe que es hermosa sin importar que le pase.
Me sigue, me mira, me castiga, me cuestiona, me interroga, me cela. 
Reclama la atención que por meses completos le di, rogándole para que me diera un poco de su luz. Esa luz que no es propia de ella. Solo otra mentira piadosa.
Ella ahora vuelve, vigorosa, grande, reventada de una hermosura que duele, lastima la retina sensible del visitante que osa atreverse a divisar cada detalle de su redondez. 
Ella, bruta, terca, desvergonzada, se jacta del daño que hace al amante poeta que la persigue para besar sus pies y pedir clemencia.
Poeta, has caído preso de una musa que es celosa, arrogante, fantasiosa. 
Poeta, ahora encuentras en ella, no una amiga, ni un refugio, sino solo una escena, que es parte de tu performance. Ahora solo tiene el honor de iluminarte para que ahora vivas con los pies en la tierra.
Ninfa de la poesía, del arte, la lírica, goza y sálvame de mi amante tóxica, que me quiere tomar cautiva. 
Ya no soy su amante de todos los días, solo tengo la cortesía de halagarla cuando se deja descubrir entre las nubes. 
Ella escapa de mi lenta visión, ella está enojada.
Luna, solo quiero besarte los pies fríos y pálidos, pedirte como amiga y confidente el perdón que otorgas a los perdidos en el camino. El perdón y las gracias, por consolar mi alma tanto tiempo, tantos años. Agradecer por tu pasado, tu presente y tu porvenir cercano.

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