Noches de luna: los duendes andan sueltos

En las noches quiero tantearte, en la oscuridad encontrarte sonriendo a mi rostro avergonzado que ya no sabe dónde meterse

En las noches sin luna, opacas también por tu ausencia, no hay un consuelo que se arrime a mi puerta 

Pero consecuencia de los celos, de la fornuta, de la locura, aparece ella brillante y odiosa mirándonos a los dos.

Hay que hacer silencio, ella se impone como coronel en frente de su guardia, mandando a los locos a callarse un rato y mirarla. Solo eso, por un instante nada más.

~

El duende con poca cordura vaga por su monte herido, arrasado por una sociedad cruel.

En las noches el duende clama a gritos, mirando el astro, esperando un alivio para su pobre alma, que se cae a pedazos y no puede seguir más.

Va desandando caminos con su caminar lento y entorpecido.

Ya camina por un sendero fijo, trazado por el turista y no por el animal.

Ya vaga entre algarrobos secos, buscando miel para su enamorada.

Se ha cortado su mano de plomo para no lastimarla, el bruto, ella cautiva de un sinvergüenza que busca aros en la luna ciega.

~

He aquí, yo, peque poeta, mezclo temas para satisfacer mi mente intranquila y embrujada.

He aquí, yo, bruta de mis palabras, vuelvo a amedrentar al duende loco malo, que quiere usurpar mi mente y romper mi psiquis. Romper aquello que he construido este año; este loco anda suelto por mis rulos, buscando la forma me meterse y sabotearme a cada rato. Pobre de él, no se ha enterado del rumor que se corre por estos lados.

Pobre de él que terco no se da cuenta que ya hay otro más malo, chinchudo y berreta que él dando vuelta por estos rulos; díganle, porque no ha escuchado, que es una duendecita de manos de bronce que anda escribiendo y garabateando. Que está loca y que la consume la hybris de vez en cuando.

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