Cementerios y cajitas de madera
Vengo a visitarlos, les traigo caramelos de miel en esta tarde. Visito sus nombres, sus fotos, sus memorias desconocidas para mí conciencia terrenal. En esta tarde de miel y calor, planeo la cita ideal con su olvido memorial. En estos días donde la muerte no se nombra y solo existe el sexo explícito y la obsenidad absoluta con su satisfacción obsoleta. Es en estos días que elijo verlos, leerlos, llevarles calidez y dulzura que en mis manos se colman. Acercaré mi ofrenda a sus frías existencias, a sus casas de tabúes y secretos. Allí yacen, empolvados en pupurri, con sus cúpulas y sus angelitos guardianes, sus rosarios y rosas plásticas desteñidas. Allí están sus "in memoriam", cubiertos en polvillo, musgo, olvido. Dónde nadie se atreve a entrar por respeto, miedo o tabú, son peor que las cárceles, uno está confinado y confiado de que la visita será recurrente por las siguientes décadas, hasta que lo acompañe en la humedad y su descomposición. Ellos están allá abandonados. ¿Qu...