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Mostrando las entradas de agosto, 2024

Carta a Julito

Hola pa, tanto tiempo, hace mucho no te escribo una carta. Hoy por esas cosas de la vida, decidí que había juntado demasiadas palabras, travesías y sentimientos, como para contarte alguno de ellos. Pero no sé si sean de tanta relevancia esos chismes cotidianos, más vale te comento mis pensamientos internos, mis ideas conspiranoicas de este universo tan basto y terrible que a veces siento que me absorbe y solo veo pasar los minutos en mi imaginario. He encontrado un hilo de unión con algo tuyo, una herencia capaz. Un libro que seguramente estuvo en la biblioteca de tu casa de la niñez. Yo lo veo como una respuesta y regaño por mi falta de estudio en la carrera. Bah en esta materia; no hay forma de que se me meta en la cabeza, es mucha información, es tan lejana de mi interés. Pero encontré este libro, con referencias a esta ciudad-estado, con leyendas, con descubrimientos que solo llegaron hasta 1960/70. Ahora yo sé un poco más que ellos. Yo calculo que ese libro lo habrás leído con cur...

Espinillo

Metida dentro de mis entrañas, escondida como una niña con manos frías y pies descalzos. Miro la antigüedad impoluta y regía en la mugre del centro. El aire enfermizo se cuela en mis pulmones y ya no aguanto respirar y consumirme entre mis propias mentiras. Creía creer tantas cosas de mi, convenciendome de saber mi verdad.  Salpicada por la mugre, saboteado mi lujo, frágil mi presencia; inútil sería tomar arrope de chañar para curarme de mi plaga interna, me mataría, me sepultaria entre la mugre y mi tierra. Contaminada quiero purgarme y ser fruto de monte que cae en la tardecita cerca de un río. Ser espinillo chiquito y soportar la sequía, escuchar solo al poeta que emerge entre el barro y sus deseos. Crecer y ser comida de pichón recién nacido, servir naturalmente y embellecer el monte, patio de mi fauna, cobijo de sus bichitos. Ser zamba de un guitarrero, alimentar su palabra, palpar su pecho, pinchar sus dedos y caer como semilla y volver a ser espinillo.

País de sardinas intoxicadas

Con hambre viene la creatividad  Con sueño los delirios Con ansiedad uno es un monstruo del arte abstracto, no sabe lo que escribe ni porque, pero se quiere expresar, sacar de adentro esa opresión vesicular. El desorden ocupa tu mente achanchada.  La falta material te obliga a nos perder la preciada memoria distorsionada de tu celular, después te lo roban, como todo acá. Uno queda marginado y es un genio poeta. Uno con ruido en el cerebro, golpes en el corazón y movimientos frenéticos es un dotado de la música, el próximo Spinetta de esta triste generación de muertos que repiten frases podridas que se encuentran en Twitter. Algo te tiene que andar mal para sacar lo mejor de adentro, para que tú cabildo se abra al pueblo, para que te cortes la oreja por un amante o salgas a la calle a cantar una serenata desafinada: para pasar vergüenza. Vergüenza publicada en redes que te maltratan. Somos como la sardina, chiquita, fea, devorada por todos, odiada por varios: damos asco y olemo...