Entradas

Colectivo 13

Se abre la puerta, se baja gente, suben otras. El chofer se come un pozo y vos saltas en tu asiento.  Se vuelve a frenar, un vendedor ambulante grita su venta. La lectura para la próxima clase de interrumpe en cada parada.  El ruido, el traqueteo, los olores que uno percibe cuando se pasa por ciertos lugares o cerca de ciertas personas. A pesar de todo uno quiere concentrarse, creer leer concentrado y entender esas simples palabras que describen un lugar muy lejano en el tiempo y espacio. Un lugar que ya no existe por ese nombre ni se puede imaginar con el cerebro lavado por el eurocentrismo. En este momento también estoy pasando por momentos históricos de suma importancia que se escriben día a día. La historia del hoy que se ve tan similar a la de ayer, a la de hace 2000 años antes de cristo. ¿Qué puedo hacer yo con todo lo que veo, leo y escucho? ¿Por qué lo poderosos nos incluyen en sus decisiones y errores? ¿Por qué me tengo que hacer cargo y tomar la reflexión y la impote...

A los jóvenes de hoy

A los jóvenes de hoy que no sabemos que hacer, nos hundimos y no se nos deja ni disfrutar del aire que respiramos. Estos jóvenes angustiados, con el agua al cuello, con el futuro impreciso y borroso ¿a dónde irán? Jóvenes que rasguñan piedras por un poco de aire en las alturas de una montaña mugrosa y quemada. Ellos suben, los animales bajan, huyen despavoridos, temen por esta especie que no tiene un depredador natural en la cadena alimenticia excepto ellos mismos. Jóvenes que no tienen idea de a dónde escaparse, que pensar, que comer, de que vivir.  Jóvenes que se mienten para sobrevivir. La ansiedad y el desenfreno del tiempo que se percibe como una tortura medieval, nos castiga y somete a una religión sistemática y que no les importa que no creas en ellos, mientras seas su esclavo y quieras sobrevivir.  Hay Miles de opciones para vivir a costa de otros pero con la mente llena de culpa, de sacarle provecho a su morbo y alimentarte de eso. Pero no dormirás en paz con tus demo...

Té con galletas de salvado y membrillo

Quiero viajar eternamente y ver este mismo cielo en todos lados, con sus detalles, con sus amaneceres, con sus nubes negras de frío. Quiero mirar para arriba desde la ventana de este colectivo, este mismo que viaja en círculos por la ciudad. Quiero saber ¿por qué el Apolo, si tan dios es como dice ser, no sé deja ver a simple vista? ¿Es que acaso el ego de febo es tan grande? ¿Y por qué la luna me persigue y a veces me mira desde la ventana de mi pieza, con su cuerpo blanco, iluminando el cielo? Creo que ella me cuida de mis pesadillas más tenaces, macabras y reales, se entrega a la tarea de protegerme y ver qué cumpla mi viaje. Quiero viajar como la niña que tanto miedo y curiosidad tuvo desde siempre. Quiero ver el cielo y cantar la hora del té, con la tranquilidad de saber que también tengo mis galletitas con membrillo esperando en esa cocina de mesa larga y amarilla con patas de metal, con la tele prendida y saber, que dormí una siesta corta pero necesaria. Que ya me tengo que desp...

Esferas de plomo

Jugando con cuchillos, concentrada en ganar su moneda y no usando los contra su propia revolución. Otro ser, de otro tiempo, con otra ley, con una moral más resquebrajada, con una ética más corrumpida físicamente, ahora parece que los pecados solo quedan en el imaginario y empeoran al humano salvaje que reprime sus culpas y mal usa sus energías, en corrupciones y perversidades. Encerrados en nuestra esfera de plomo, nos usamos y aprovechamos de ese gatillo siempre cargado. Arremetiendo contra nuestro propio corazón, quemamos nuestra razón y la reemplazamos por migajas de "moral aprobada y aprovechada" por un sistema arreglado para que todos perdamos, menos él. ¿Quién es? ~ Antes de salir a la calle, de volver a arremeter contra mi mente nerviosa, me permito admirar la bestialidad de ternura, de piel y sabanas que se acurruca cada vez más. Se esconde esa sonrisita que me invita a contaminar su piel fría por lluvia. Y se me hace tan duro levantarme de esa cama de mimitis, de ca...

Humedad

Acá lo que mata es la humedad. Y solo hay medio limón en la heladera, algunas botellas de agua y restos de alguna cena que quedó allá lejos en la semana. Acá lo que mata, es la humedad, en el piedemonte, dónde la sequía se hace presente. Acá lejos de ese gentío y el asfalto que te consume, dónde el calor es menor, dónde la noche es más fresca. Acá lejos de toda esa aceleración y caminar errático. Acá no ves a esas caras que pasan y se olvidan, dónde el trabajador es una hormiga más de la colonia. Acá las hormigas te consumen la madera, se meten en el azúcar, los gorgojos atacan el arroz y se llena de mariposas amarillas en el patio revestido de verde y tierra suelta. Ahora la humedad se ha apoderado del patio, ahora solo las moscas zumban y los mosquitos te comen. Acá la humedad es más liviana que en otros lados.

El primitivo juego de la sangre

Este escrito comienza en alguna hora de la tarde del 6 de febrero de 2025, entre las 18:30 y las 19 hrs. Emergen palabras sordas y bipolares, que se contornean frente a mis ojos e invitan  a que se encuentre un momento de paz para plasmarse en esta letra redonda y algo ilegible. Pequeñas esporas del polvillo levantado en el patio, se pegan en el dulce. Una después de eso desiste de comer una cucharada de dulce de leche. Las caninas se relamen al rededor de mi festín contaminado, se invitan solas a probar un poco de la dulzura artificial y saturada. En esta tarde en dónde la sangre corre, se coagula y cae; en donde uno se plantea lo mundano que es, momentos de desesperación, amargura, éxtasis, te consumen en pocas horas. Pero la molestia siempre está, la pesadez, la inconformidad de este envase que cambia, muta, se pelea consigo mismo. Esta sangre que mancha mis labios y piernas, el blanco de la cerámica se tiñe, todo se descontrola y solo queda ese color coagulado, de célula muerta...

Cementerios y cajitas de madera

Vengo a visitarlos, les traigo caramelos de miel en esta tarde. Visito sus nombres, sus fotos, sus memorias desconocidas para mí conciencia terrenal. En esta tarde de miel y calor, planeo la cita ideal con su olvido memorial. En estos días donde la muerte no se nombra y solo existe el sexo explícito y la obsenidad absoluta con su satisfacción obsoleta. Es en estos días que elijo verlos, leerlos, llevarles calidez y dulzura que en mis manos se colman. Acercaré mi ofrenda a sus frías existencias, a sus casas de tabúes y secretos. Allí yacen, empolvados en pupurri, con sus cúpulas y sus angelitos guardianes, sus rosarios y rosas plásticas desteñidas. Allí están sus "in memoriam", cubiertos en polvillo, musgo, olvido. Dónde nadie se atreve a entrar por respeto, miedo o tabú, son peor que las cárceles, uno está confinado y confiado de que la visita será recurrente por las siguientes décadas, hasta que lo acompañe en la humedad y su descomposición. Ellos están allá abandonados. ¿Qu...