País de sardinas intoxicadas

Con hambre viene la creatividad 

Con sueño los delirios

Con ansiedad uno es un monstruo del arte abstracto, no sabe lo que escribe ni porque, pero se quiere expresar, sacar de adentro esa opresión vesicular.

El desorden ocupa tu mente achanchada. 

La falta material te obliga a nos perder la preciada memoria distorsionada de tu celular, después te lo roban, como todo acá.

Uno queda marginado y es un genio poeta.

Uno con ruido en el cerebro, golpes en el corazón y movimientos frenéticos es un dotado de la música, el próximo Spinetta de esta triste generación de muertos que repiten frases podridas que se encuentran en Twitter.

Algo te tiene que andar mal para sacar lo mejor de adentro, para que tú cabildo se abra al pueblo, para que te cortes la oreja por un amante o salgas a la calle a cantar una serenata desafinada: para pasar vergüenza.

Vergüenza publicada en redes que te maltratan.

Somos como la sardina, chiquita, fea, devorada por todos, odiada por varios: damos asco y olemos mal, sin importar tu perfume importado.


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