Verano: Perséfone está en la superficie
Los yuyos buscan acariciar la piel tersa y caliente, las hormigas suben y pasean con atrevimiento por el cuerpo, desorientadas.
Una mosca se posa en el muslo e interrumpe el descanso de esa pierna. Uno se sacude, pero parece que está pegada.
El ruido artificial del agua es interrumpido por ruidos emitidos por un artefacto tecnológico, se perturba un orden, se perturba la paz.
Uno deja de sentir los insectos que se suben por los tobillos, caminan por el gemelo, suben el muslo y pasean por la cola. Se tensa la espalda y un escalofrío recorre el cuerpo, los sacudones frenéticos no son suficientes, persisten en molestar el reposo.
Ya no le prestó atención a los yuyos que me picaban el tobillo, ya dejé de sentir el frío de la malla.
Me irrito con el calor que vuelve a visitarme, el nerviosismo de tratar de encontrar palabras sin trabarme no ayuda con la pesadez de los bichos intensos.
¿Cuándo acabará el verano?
Preguntas y explicaciones que he recibido de niña, respuesta cinteficista que esclareció el panorama, pero yo seguí divagando en mi mente curiosa y creativa, fantasiosa e ilusionista.
¿Cómo sabe cuando irse el verano?
Cuando Hades se lleva a Perséfone nuevamente al Inframundo y otra vez queda la madre sola, buscando un consuelo en la naturaleza que acompaña el escenario putrefacto y seco, llega el otoño, se asoma el invierno. Todos se deprimen, otros celebran, la naturaleza se altera otro año.
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