Los pájaros del Edén: agua y carroña.
Disocio de mi estudio, mi cabeza no aterriza en la lectura, mi mano se mueve mientras pienso cada palabra. Pero yo no estoy ahí.
Escribo, leo, me distraigo con los pájaros de mi pequeño Edén.
Pero no estoy acá.
Mi cabeza no hace presencia, solo escucho cada ruido, pero no los retengo; se ríe sola, sonríe a sus fantasías, danza sin estar presente.
"No soy de aquí, ni soy de allá(...)" repite en bucle mi sintonizador virtual.
"(...) no tengo edad, ni porvenir (...)", no me pueden catalogar, encerrar en etiquetas que me trató de imponer, no soy yo, no son ellos, son las voces del prejuicio eterno e interno. "(...) y ser feliz es mi color de identidad".
Te silbo una melodía tristona, que el viento lleva, esconde y desaparece.
Quiero imitar el canto profético del mirlo, el allegro del jilguero.
Quiero ser pájaro para evadir los ideales, ser tan poco racional y actuar por inercia, por naturalidad, por instinto y nada más.
Mi cerebro cansado, me sabotea, quiere abandonar cualquier idea, solo dormir por 3 meses y amanecer el día de mi nacimiento.
Quiero ser naranjeros, no acostumbrado a la presencia humana, huye de cualquier movimiento repentino, escapa y está atento. No es como la paloma, no es torpe; no es confianzudo como el chingolo, es protector como el hornero, es sigiloso como el jilguero.
Se lo escucha, a veces. Solo se lo ve pasar, elegante y excéntrico, que con una pasada de mi vista inquieta es suficiente para amarlo.
Pasa un jote rezagado, distante, intranquilo. Cuida la distancia, huye del fuego, buscando agua y una presa. Es el hambre de carroña, que por estás época angustiantes se hace presente.
La tripa flaca de este país, no sirve ni con su muerte para alimentar a otros.
Ojalá que el descanso llegue pronto.
Comentarios
Publicar un comentario