Banalidad

Un taciturno estudiante busca refugio en los rostros de la gente.

El sol en otoño huele tierra seca.

El estudiante mira, analiza su situación interna y externa: el hambre colma sus pensamientos.

Los puestos de comida se esconden y revuelven, emanando un aroma que debemos perseguir para encontrar el lugar: es la pista.

Los ruidos componen una sinfonía, el temblor del colectivo hamaca a la muchacha resfriada que con vergüenza tose y se restriega la nariz. 

Las parejas charlan sin mucha necesidad, se rien y sonrien. La banalidad cotidiana de su conversación se vuelve mi podcast indeterminado. 

Ahora soy yo quien mira por la ventana, analizando las plantas que cada día son más chiquitas, más plasticas, menos plantas.

El sol se vuelve una necesidad, cuando osa salir de su escondite entre los edificios calienta los rostros enfermos de la muchedumbre. 

Banalidades se vuelven los aspectos más hermosos de una ciudad, las motivaciones se vuelven un estrés, las estructuras arquitectónicas son un refugio para el bestiario que anda dando vueltas por la calle, sin registrar mucho de nada, nada de poco. El mundo sigue caminando. 

El mundo sigue muriendo.

El mundo sigue floreciendo y marchitandose en cada esquina.


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