Niebla
Veo a los jóvenes ser absorbidos por la nube que se posa sobre la gran ciudad, nubla la vista y conciencia de estas pobres almas estresadas, pensando que deben construir su futuro, uno que aparenta ser tan lejano y de ensueños, la fantasía mítica del universitario promedio.
La niebla consume las esquinas, las desgasta, su cáscara cae inerte y se hace polvillo entre las manos del obrero. Ya nada alcanza.
La desesperanza y la desolación azotan la puerta de mi pieza, la impunidad y el descaro respiran mi nuca agachada, agotada, víctima de las nuevas tecnologías y sus posturas antinaturales.
El futuro del mundo llora porque ya está escrito pero nadie quiere leerlo, todos ignoran lo inminente, lo aceptan: nos vamos a extinguir.
¿El homínido de otro tiempo habrá anticipado su desgracia?
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Me da miedo lo prohibido, incluso lo que está dentro de un rango de lo aceptable; temo a la pasión, al gusto, a la adicción.
Huyó de lo que me es natural, porque no quiero terminar igual, pero tener demasiada conciencia de todo te parte del cuerpo y te curte el alma: no quiero ser susceptible.
Escapo del prado para meterme en el bosque de tinieblas que abraza a cada árbol con su frío húmedo. No quiero estar en la interperie, ser presa fácil, pero uno nunca sabe dónde acecha el puma.
Estos resongos y cavilaciones, estás suposiciones y meditaciones, seguirán fluyendo por este bucle rojizo, seguirán cayendo como bellezas intocables, conseguiran ser respetadas como pieza de museo invaluable. En una cajita de cristal pobre mis decepciones.
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