Un patio en la luna: volverás al encuentro
Te nombro en la lluvia y tu cabeza se alza entre gotas y el sopor de la humedad.
Llamo a aquel niño travieso que viene corriendo con su alegría juguetona.
Ahora te nombro, señor de este patio, viejo guardián que no gasta sus energías en vano.
Soportando día y noche, tu dolor, mi congoja. Las flores se avivan con el agua de esta lluvia y vos te marchitas entre mis brazos.
Mi negro vikingo, mi protector de cualquiera alma masculina, tu presencia segura se queda conmigo mientras vos ya no le ladras ni a la luna.
Mi único recuerdo vivo, fuiste la última elección de aquel viejo, bien hizo en traerte, niño travieso que marco mi patio, convivio con el carácter de una dulce damisela y reprendió a dos subversivas sin cura sana.
Vikingo, guardián, niñero, juguetón, te me vas de a poco, me sentís llorar y tú energía disminuye en cada llanto mío.
Solitarios bajo esta lluvia renegamos, yo con un nudo en mi cuello, vos con tu estado inconsciente. Viejo loco, imponente tu carácter, eterno tu buen humor, tus rabietas ya son nuestro juego.
Pero la sangre me está pesando. Tu sangre se va como río crecido, tus ojos chinos, tu desconcierto, tu mareo; ahora duermes tranquilo.
Volverás al encuentro juguetón con Wendy, conocerás a un cascarrabias que nos educó en la niñez, volverás a jugar, correteando estrellas, salpicando a la luna entre los charcos de tu patio.
Comentarios
Publicar un comentario