Killer Queen: la leona tiránica sin manada, danza en su circo de locuras
Reina
que rehúye a su realidad, lastimada, espantada danza sola en la cocina con su música
moderna. Reina de su cuadra, monarca de sus paredes, tirana del aire que
respiran sus súbditos. Ella que reina sobre todas las cosas que rodea, sopesa
su malhumor y revuelve la olla, no sabe que cocina, no sabe qué hace, solo lo
hace para calmar su ira.
Aburrida
en sus paredes, pelea con las arañas de su techo, vigilantes de su prisión,
guardias de su palacio mundano. Protegida de sí misma, lucha con sus demonios internos
cantando canciones que ni ella entiende, romantiza su brebaje, se cree zarina
en su palacio de hielo, reinando sobre todas las pobres criaturas y “ciudadanos”
ilegítimos e infieles a su gobernación. Se sabe que pronto harán un asalto,
semejante a la toma de la Bastilla.
Ella
poderosa y enojada con su incongruencia, se somete a peleas, discusiones, revanchas
que pronto la llevaran al destierro; por suerte son con ella misma, único ser
gobernante de su cuadrilátero.
“Se
purgara el alma”, se escucha decir a las hormigas que deambulan por el pasillo,
pasan rápido y susurrando, temen que la tirana loca las escuche y decida
decapitarlas por traicioneras. Ellas solo huyen y la ignoran, si no responden a
su brutalidad, ella nunca las gobernara.
La
loca mueve su cuerpo frenéticamente, luchando con la sombra, danzando con su
esquizofrenia, dice que el fantasma de su amor la abraza por la espalda y la
retiene de cometer matanzas sobre el pueblo de las polillas. Les tiene
demasiado odio a sus larvas que comen su arroz viejo, disputa y declara una guerra
que jura durar 100 segundos.
Se
sienta, cansada de las voces que discuten a los gritos, quiere apagarse, quiere
degollarlos, oprimirlos, pero el coro susurra de manera insoportable. El grupo
tira de sus rulos, se creen que están en el circo, se creen que pueden maltratarla
tanto como quieran: ella es el león que deben domar bajo su látigo.
Cansada
la leona desea dormir, no puede, cierra sus ojos y le arden los recuerdos del
pasado, le pesan sus acciones, le causan vergüenza, la suficiente como para
querer desaparecer por unos segundos. La leona se ha distraído demasiado, el
brebaje se ha hervido, ha rebalsado, su cerebro saturado la apura, la castiga. Ella
atolondrada camina rápido, apaga la hornalla y siente salir sus ojos frente a
la olla de lata. Caen, no hay sangre, solo se han salido de lugar, ya regresaran
a su sitio luego de haberse humectado.
La
reina sin corte, ni amante, ni pueblo, ni sangre azul, demanda y decapita a
todos aquellos que la peleen.
La
reina los ha matado.
La
reina baja en bicicleta por su olla de lata hervida, la estaciona, se desnuda,
ve su reflejo verdoso y se sumerge, busca sus ojos, se los acomoda. Ahora déjenla
descansar, la música ha bajado su tono, las voces del coro también, bajen el telón
que nuevos tiranos se acercan.
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