Carta a mi risa
Risa de ciudad suicida, sucia de pensamientos bandidos. Perdidos como mis palabras, encontramos a los locos de esta metrópoli tan descuidada, ausente de raciocinio, el loco camina de lado, bamboleándose al compas de su ritmo folklórico. Parece que lo lleva tatuado en la sangre, aparenta su locura correcta en unas calles que son cuerdas.
Cuerdas flojas, que asesinan la paz de un ser aceptable en una sociedad trunca. Paciente de clínica ha de ser esta civilización tiránica, de valores dudosos, de propósitos estúpidos, de origen violento y sanguinario, con un pasado-presente que aun no se acepta.
"Mi vida sin ti, es un crimen perfecto" susurra una voz en la radio, romantizando una situación, superando una tragedia, aceptando un estado psíquico, físico, particular. Ojalá sea tan particular como las sonrisas que me provocan las situaciones naturales; ojalá sea tan emblemática como ver la infancia interactuando con un adulto mayor. Ojala así sea la risa de la sociedad.
Extraños sucesos de la civilización, cruda y nítida alegría ante un cuadro semejante. Grata oportunidad para apreciar, visualizando a todos los participantes de esta performance: un padre tiene a sus dos hijas sentadas en asientos contiguos del colectivo que dan la espalda al conductor, por lo que quedan de frente a una pareja de adultos mayores que juegan y cantan el "feliz cumpleaños". Los que presenciamos la escena nos quedamos embelesados, provocando una risa imperceptible pero descuidada. Nadie oculta que se enternece con la situación, incluso aquellos que no se han enterado por despistados, se dan la vuelta para comprender lo que acontece: todo el colectivo se sume en la risa y los aplausos de una niña cantando, como si fuera Céline Dion en el Libertador, onírico.
- ¿Qué seria la vida sin ti?
- Aburrida.
- ¿Qué sería de la vida sin mí?
- Un crimen mal hecho.
- ¿Me buscarías si existiera?
- Cometería fechorías en tu honor con tal de encontrarte y repetiría mil veces las mismas acciones para alcanzarte. Haría todo por tomarte de nuevo entre mis labios y consolarme con ese recuerdo fugaz; sofocaría a todo aquel que se interponga y consuma tu oxigeno, con tal de que vivas en mí un poco más.
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