Un invalido, un diablo blanco y un demonio negro, acompañan a una loca en su delirio baboso
Ella
avanza sobre su cuarto y se presenta, como una cenicienta engomada en prendas
vintage, rezongona y despeinada. Se relaciona con un parroquiano amante de las
baladas spinetteanas y garciescas. Se creen poetas modernos, quieren tratar de
parafrasear a los grandes y ser originales entre tanta mierda.
No
pensé en seguir con la entrevista en el momento en que describió a tres
acompañantes de su vida como: un inválido, un diablo blanco y un demonio negro.
Todos con una severa locura e inclinación a la obsesión de llevar la vida al
límite, el de la vagancia y las quejas. Me levante como buena piba criada por
el rock y el periodismo tétrico, quería sentirme con Walsh, no como una Peperina
más, una gruppie perseguidora de rockstars.
Elegantemente
situé a la entrevistada en el siguiente cuarto, las pruebas seguirían, las
marcas que ella lleva tienen una historia. La loca entró campante, como caniche
salido de la peluquería. Sus rulos se balanceaban al compás insistente de una
melodía prehistórica. Los médicos evalúan la gravedad de la chica:
irremediable.
Chequear
quienes son los acompañantes es un misterio, nunca los vimos, nunca aparecieron
para salvarla.
La
princesa estaba encerrada en su fantasía pomposa, pensando que ella podía
cambiar el mundo verde de moho. Ella creía que sería capaz de algo, una
verdadera falacia, no podía ni con su vida y quería arreglar la de otros
millones.
Y
si, esto obvio que fue escrito y reportado mientras me la llevaba a mi casa.
Ella me dictaba lo que tenía que poner mientras admirábamos con locura y pasión
el recital en vivo de Charly García, en el Luna Park en 1983. Ella es libre.
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