Sulky de mi conciencia

En momentos de enfermedad el delirio hace presencia. La cabeza da vuelta en palabras romantizadoras y metaforas borroneadas por una goma sucia, de una situación desgraciada, debilidad que se convierte en palabras de vuelo de mariposa: efímeras, olvidadizas, divertidas, con cierta gracia y con sutil elegancia rupestre.

Brotan con los festivales el duende fiestero, la luna rebelde y romanticona; suben los pastos, los ríos; bajan las lágrimas, los glaciares, la sangre de mujer viviente.

Cosecha de llovizna fresca, fuego de artista explotado. Musa que ignorante pasea, se muestra y de manera inocente se convierte en consuelo de un perdido ser de esta humilde dimensión.

Distracción que me lleva a divagar en rastros, palabras indistintas, paisajes de ensueño que enamoraron mi ser, sabores que quiero volver a probar. 

Olores y vientos que apabullan el mal querer que acarrea el sulky pesado que arrastra la pobre mula que llevo por corazón. Conciencia que colmada de juncos, largas y mugre, conserva en su desorden una fauna de belleza inimaginable, esa que yo no veo, esa que yo no creo, esa que conservo con gran fervor inconsciente en la pesadumbres de una cotidianidad.

Mente abarrotada que busca su diferencia entre tanta indiferencia, quiere distinguir entre la modestia repetitiva. Ahí nace tu fauna, en mi abandonado sulky que se hunde en el río y alimenta mi cansada mula, que mira la luna eternamente.


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