Magnánima indiferencia mundana.
Navego en un río de lágrimas rosadas
Viajo a través de barquitos de papel que encuentro en banquitos
Extraño placer de divagar en la imaginación con paisajes extravagantes
Extraño deseo de nunca divagar, solo navegar con rumbo fijo hacia ese gran final.
Túnel de oscuridad, tobogán de risas, calle de los lamentos
¿A dónde vamos a parar?
Aquel gran lugar, ese paraíso de flores, que solo en espasmos grotescos logramos vislumbrar.
Pesadilla de ensueño, aparición mágica que sorprende al viajero, que termina en Egipto buscando Itaca
Desmonte del infierno, donde los católicos se sumergen en su avaricia
Fuego de su raza, de su misoginia y repugnancia: la raza humana debe perecer y ese es el deseo del dios animal y salvaje que habita su cuadrado de selva.
Ignorando cómo todo se acaba, el mundano estudiante se deja llevar por escenas creadas en su corteza, su inconsciente la encierra en la jaula del aburrimiento
Y ella cae
Y no quiere estudiar
Solo quiere llorar
Ya no se sabe lo que realmente se sabe, ya todo es mentira, incluso la falsedad, incluso tu plasticidad
La venenosa magnanidad del humano "supremo", corrompe lo puro, convirtiendo el oro en monedas y el barro en tierra infértil, seca.
Los sexos se consumen y ya no piensan en otra cosa, solo les interesa lo que debajo de su ropa pueden llegar a encontrar.
En esta generación de música explícita, ventila lo que antes se disimulaba entre glamurosas letras de lata y zapatos de cuero.
En esta generación sin filtro a la opinión, con filtros en la cara, con máscaras caras, imponiéndose sobre otros cuantos tarados que no saben ya de que hablar.
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