Penas de amor de un jabón judio

(He repetido este poema en mis adentro unas 10 a 20 veces, por lo menos, para no olvidar mis versos compuestos en la ducha, pensamientos en torrente que musicalizaron mi aseo)

Yo, por ser yo.
Yo, como espectador matutino de una serie con mal guion,
yo ¿Por qué soy yo?
Yo como actor de mi vida,
como personaje irreconocible,
como único autor, actor lector, crítico.

yo como ser omnisciente de mi propia escritura, lectura, pasión y letra.
Yo como escritor sobrepasado,
yo como pensante,
yo como pensamiento impuro,
yo, porque me toco lo que me toco, si yo no quisiera ser yo.
Yo como escritor de mi propio guion que fue adulterado por un adulto traumatizado.

Yo como confusión intermitente, de sonrisa amplia, de ojos chiquitos, de voz avasalladora, de pies inquietos, de palabras no medidas, de consecuencias no racionadas, de acciones guardadas, de libros nunca terminados, pero nunca abandonados. 
Como yo.

Un yo que piensa en por qué,
un yo que confunde un sentimiento, inquieto y dormido que se revitaliza.
Un mosquito que termina su hibernación,
molesta nuevamente y con mas intensidad, mas ruido.

Escribo a quien no nombrare nunca,
nombre prohibido en mi lengua y boca.
Lógica sana de mi ser,
que no me avergüenza,
y hace honor a mi amistad.

Otro nombre que convertiré en palabra trucha.

Amistad que temo quebrantar,
que se que sobrevivirá,
que si lo digo no temerá
y hará contagiar la vitalidad,
a pesar de toda respuesta anticipada que he yo de saber bien.
Honor hará a nuestra amistad.

Te hablo a vos lector matutino, amante del café y la música.
A vos lectora vespertina, de trazo fino en su dibujo ficticio, de carita risueña.
A vos compinche de mis gestos y palabras.
A vos lector empedernido que de lejos me lee.
A vos ser precioso de ojos dormiditos, carita sanadora de penas y manos de chocolate.

A vos amante caprichoso, fugaz, desvergonzado, engatusado por la hormona imperial.
A vos caballero desquiciado, prometedor de triunfo que no valen la pena.
A vos músico de bailanta, de energía eterna, que recuerda mi patria como Ulises la suya.
A vos musa seductora, de piernas abrazadoras, de manos traviesas, de palabras deliciosas que pones en mi boca, que desconoces y no te haces cargo, de sonrisa mentolada, de espalda desnuda, ancha, protectora, acogedora, de manjar entre...

Finaliza mi verso construido en el azar,
caos que sobrevino en la desesperación,
demencia que oculto (o no) para sanar, 
locura que desperdigo y rejunto en un solo lugar.

 A vos lector anacrónico. 








Comentarios

Entradas más populares de este blog

Colectivo 13

A los jóvenes de hoy

Cementerios y cajitas de madera